Visión y Proposito



Nuestra visión y propósito, en perfecta obediencia al mandato de Jesús Nuestro Señor de "DISCERNIR LOS SIGNOS Y SEÑALES DE LOS TIEMPOS", es el difundir los Mensajes que para este tiempo final, Dios Padre esta recordando y explicitando a su Iglesia y al mundo a través de sus dos Ungidos y Testigos, es decir, los CORAZONES UNIDOS Y TRIUNFANTES DE JESÚS Y MARÍA, y así poder contribuir con su plan en el llamado y preparación de los DISCÍPULOS DEL FIN DE LOS TIEMPOS.


En cuanto a las Revelaciones y Profecías Privadas, que se publica en este Blog, en virtud de la derogación de los cánones 1399 y 2318 del Código de Derecho Canónico y de la vigencia del Decreto del Papa Urbano VIII, SOLO AL SANTO MAGISTERIO DE LA IGLESIA CATÓLICA, APOSTÓLICA Y ROMANA le corresponde determinar sus AUTENTICIDAD Y CARÁCTER SOBRENATURAL, a cuya decisión final dócilmente nos sometemos, sin olvidar, a San Pablo que nos exhorta: " No despreciéis las profecías; examinadlo todo y quedaos con lo bueno" 1ra. de Tesalonicenses 5;20 y San Juan Evangelista que nos profetiza: " Pero cuando EL, el Espíritu de la verdad, venga, os guiará a toda la verdad,...... y os hará saber lo que habrá de venir." Jn 16;13.

Sin embargo, ya que, la Iglesia no objeta en principio el difundir estas revelaciones privadas, mientras se las estudia por su contenido y frutos, esperamos que no se las busque por la sola satisfacción de la curiosidad, sino por un deseo VERDADERO DE CONVERSIÓN Y SALVACIÓN para el Alma, traducido en la realización de obras de Misericordia Concretas.

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jueves, 17 de agosto de 2017

¿Quiénes Saldrán Ilesos de la Gran Tribulación? Algunos en la Tierra se salvarán de las catástrofes profetizadas. En la medida que nos acercamos al cumplimiento de las profecías crece la expectativa de que alrededor de los próximos años se producirían el Aviso y el Milagro – para llevar a la conversión de las almas -, anunciados por la Virgen María en sus apariciones de Garabandal y Medjugorje y profetizados por otros místicos anteriores

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La tribulación que estamos viviendo, aumentará y se convertirá en la Gran Tribulación, a partir del Gran Aviso, pasando por el Gran Milagro, y culminando con el Gran Castigo a la humanidad.

Pero hay algo enigmático que se debate poco.

Hay mensajes que han pasado desapercibidos que sostienen que los apóstoles de los últimos tiempos serán transformados en el Gran Aviso, salvándose de la Gran Tribulación.

El análisis del capítulo siete del Apocalipsis nos permite aplicar esta afirmación a los 144.000 elegidos, de tal forma que podemos pensar que habrá un volumen de gente (simbolizado por los 144 mil) que será un remanente transformado que vivirá en la Tierra y hará la Nueva Evangelización.

Para Realizar este análisis Pilar Zarama se basa en un análisis minucioso de los mensajes de dos videntes contemporáneos, J.N.S.R y Alma Pequeña, y su relacionamiento con la Biblia.
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MENSAJES DADOS A J.N.S.R.

Entre los años de 1972 y 1978, ocurre una manifestación de Nuestro Señor Jesucristo a Magdalena Amount en la localidad de Dozulé, en la Bretaña francesa. Ver aquí.

Esta manifestación comienza con la aparición de una Cruz luminosa en el cielo, cuyo resplandor da mayor claridad que la luz del sol, al tiempo que Magdalena escucha la frase en latín “Ecce Crucem Domini”, (He aquí la Cruz del Señor).
El mismo Señor le pide a la vidente ir a la Iglesia los primeros viernes a las seis de la tarde y da por medio de ella, al sacerdote y a las religiosas de Dozulé,cincuenta mensajes en perfecto latín, lengua que Magdalena no conoce.
El mensaje central de la Cruz Gloriosa de Dozulé, es que esta localidad ha sido escogida por Dios Padre para realizar allí el juicio de naciones, por lo tanto esa tierra es sagrada.
La aparición de la Cruz luminosa se ha dado para indicar el tamaño, la posición y el lugar donde Dios quiere que se construya una Cruz de 738 metros de altura, que corresponde a la misma altura del Gólgota, el monte de la crucifixión.
Nuestro Señor ha dicho que si su Iglesia no construye esta Cruz pedida por él, la Cruz aparecerá por sí misma, pero cuando aparezca, será demasiado tarde para obtener los beneficios para los cuales se ha pedido: convertir a los hombres y prepararlos para Su Retorno Glorioso.
Magdalena recibió mensajes hasta 1982.

En el año 1988, el Señor Jesús comienza a dictar mensajes a una de las organizadoras de las peregrinaciones a Dozulé –convertida siete años antes por la sanación milagrosa de su ojo médicamente perdido-, quien toma el pseudónimo J.N.S.R. del francés “Je ne suis rien”: Yo no soy nada (Fernande Navarro). Ver aquí su historia.

Por intermedio de “J.N.S.R.”, nuestro Redentor nos entrega una obra que impresiona por su claridad, su impecable redacción, la profundidad de sus enseñanzas, y por su extensión. La Fundación Jesús de la Misericordia publica estos mensajes – que suman más de una decena de volúmenes – bajo el título general de “Testigos de la Cruz”, cada tomo lleva un subtítulo diferente.
Los mensajes a continuación nos entregan información que complementa lo que la mayoría conoce sobre el mencionado Aviso.

Mensaje del 4 de febrero de 1997

El mundo debe entrar en Mi Verdad pasando por la purificación de los cuerpos y de los espíritus. (…)
Yo os haré tocar Mi Amor con todo vuestro ser, mirándoos tales como sois, desde dentro hacia fuera, recibiréis la purificación: es el Gran Aviso que viene a vosotros (…)”.

Mensaje del 27 de junio de 1997

“Yo he puesto en cada lugar de vuestro mundo “refugios” para que la gracia depositada en ellos sea dada y repartida entre vosotros: son los lugares de lasApariciones Marianas de vuestro tiempo y vosotros habéis tenido la dicha de conocerlas y de recibir espiritualmente su fuerza, el valor y sobre todo elconocimiento de mi Amor (…)”.
La segunda asunción de María será vista por algunos hijos como asistieron los apóstoles a mi adorable Ascensión. Este pentecostés de amor os reunirá para recibir el Fuego de Amor del Espíritu Santo. La Santísima Trinidad envolverá a María Santísima. De esta fusión sublime nacerá el Fuego Divino del Espíritu Santo que envolverá el espíritu de los hombres en una nube luminosa semejante a la que cubrió a Pedro, Santiago y Juan, su hermano durante la Transfiguración de Jesús en la alta Montaña.
Vosotros seréis reunidos y unidos, para no hacer sino Uno en la Voluntad del Padre Santísimo. Vosotros seréis Uno, en el Amor Único y Verdadero de la Santísima Trinidad, por María Santísima Corredentora, Abogada indiscutible, Madre de todos los Hijos de Dios que Le han sido confiados al pie de la Santísima Cruz de Jesús-Cristo.
Apóstoles de Jesús y de María, llenos del Espíritu Santo, delante de vosotros se abrirán todas las puertas para proclamar la Venida de Dios a toda la Tierra. Vosotros tendréis alas en vuestros pies para recorrer regiones enteras y visitar Pueblos. Ligeros como plumas llevadas por el viento. Vosotros tendréis fuerzas para marchar durante horas, durante días. Vosotros tendréis los Siete Dones del Espíritu Santo: utilizaréis los Siete. El don de mi Palabra estará en vosotros como una fuente que nunca se agota.
Dios habrá escogido a los mejores de sus Mensajeros para convertir al Mundo entero.
La evangelización será como un inmenso barco, llevado sobre un mar límpido de olas unidas, audaces, rápidas, porque el Tiempo que empleó Jonás para atravesar a la ciudad de Nínive para convertir a sus habitantesserá el Tiempo que Yo os concederé entonces, y este tiempo será respetado, por ser suficiente”.

Mensaje de Nuestro Señor Jesucristo del primero de mayo del 2002

(…) Algunos verán la gracia de Dios antes de morir a este mundo, a fin de que de ellos venga a todos sus hermanos la certeza de que Dios EXISTE. Yo quiero conquistar a mis ovejas, aún a las más incrédulas y no hay sino un medio porque el tiempo se precipita demasiado rápido.
Vosotros veréis y creeréis. Vosotros veréis a vuestros seres queridos desaparecidos (fallecidos), bien vivos, a los Santos y a los Ángeles. Y vosotros, los bendecidos de mi Padre, los tocaréis y comprenderéis que no hay sino un solo mundo y que el más bello es el que no se ve todavía.
Yo te hablo para tranquilizarte y para que tú puedas manifestarlo en todas partes: Dios el Eterno, Dios el Viviente está a vuestra puerta. Entonces por qué diferir el llamado cuando yo diré a cada uno: “Ven”.
Vosotros debéis acordaros y pensar: “Dios me llama en Verdad, es mi Padre, mi creador que me quiere con Él en su Casa, yo soy su hijo amado, entonces yo acudo”.
Hija mía, tú no debes ser incrédula sino creyente. Yo te he dicho siempre: para corresponder conmigo, tu Dios, Yo te bendigo y te santifico. Escucha, no tengas miedo y anuncia las maravillas de Dios. ¡No! Nada te causará temor: este paso es una cosa tan dulce, que al encontrarte al otro lado, tú deploras no haber penetrado en él más pronto.
Pero yo te haré volver a la Tierra para anunciar a los otros que Dios viene, y cuando ellos escuchen en su corazón mi llamado, entonces se precipitarán rápido. Como Yo lo hice para el Mar Rojo, Yo separaré con mis manos todas las malas riveras, todo lo que debe venirse abajo después. Entonces, después de esto, nada de malo existirá en vuestra Tierra donde Dios, en su infinita bondad, os depositará de nuevo para terminar de vivir ahí el tiempo que se os concede antes de ser llamados para entrar en el Cielo. (…)”.
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MENSAJES DADOS A “ALMA PEQUEÑA” (VIDENTE ESPAÑOL ANTONIO) PUBLICADOS BAJO EL TÍTULO DE “CONFIDENCIAS”

El vidente español “Alma Pequeña”, a quien Nuestro Señor da sus locuciones bajo el título de “Confidencias”, es un profesor de Bellas Artes, casado y padre de familia, quien reside en una ciudad española y recibe estos mensajes desde el año 1998, los cuales son publicados por la Fundación Jesús de la Misericordia, en libros pequeños de 100 a 120 páginas, de los cuales se han publicado más de veinte volúmenes.

Las llamadas extraordinarias del Cielo a esta Alma, comenzaron asistiendo a rezar los cenáculos de oración del Padre Pío en 1984, en los cuales fue recibiendo unos 70 mensajes por medio de diferentes Almas elegidas.
En mayo de 1998 comienza a recibir la primera confidencia de la Santísima Virgen en forma de locución interior. Como ella misma lo expresa en la confidencia número 265: “No eres vidente, pero sí mi confidente, hijo mío”.

Esta “Alma pequeña” como la Santísima Virgen lo llama, desea ser ignorada de los hombres. Su consejero espiritual es un sacerdote católico, tradicional y mariano, preparado y experimentado en la dirección de las almas a las que Dios se manifiesta de manera mística y extraordinaria.

A continuación se copian los mensajes de “Confidencias” que ilustran el tema escogido para este artículo.

Mensaje de María Santísima del 20 de diciembre del 2002

“(…) Los Nuevos Cielos y la Nueva Tierra los verán unos antes que otros.¿Quiénes son los que los verán primero? Los que están preparados y purificados esperando la Venida Intermedia de Mi Hijo.
Ya están marcados, pero aún pueden ser marcados algunos más que no acaban de entregarse totalmente a Mi Hijo y a Mi Corazón Inmaculado, porque no acaban de negarse a sí mismos de todo corazón. No son ellos los que escogen, sino que es el Padre el que se los presenta al Hijo… Ellos son todos puros de corazón y en sus labios no hay mentira ni maldad, son inocentes, y se han purificado con el sufrimiento callado y unidos y consagrados a Nuestros Dos Corazones.
(…) Pronto llegarán esos momentos y seréis renovados enteramente… Los demás que no se han preparado lo suficiente, y los que no saben nada, y los que pudieron saber y no quisieron… Cada uno pasará por su purificación más o menos larga y dolorosa, según la Justicia y la Misericordia de Dios, hasta alcanzar los Nuevos Cielos y la Nueva Tierra, si es que llegan y quedan para el Reino de la Paz… Y los que mueran antes, cada cual su alma irá al destino eterno que le corresponda según sus obras.
(…) Pero los primeros transformados serán en el Gran Aviso, durante el éxtasis, para que al salir de él prediquen el Reino de Mi Hijo a sus hermanos y den testimonio de lo que han visto y vivido, en la gracia de Dios y el Cielo de los Bienaventurados… Y le den esta esperanza a la humanidad, que estará en la Gran Tribulación espiritual y material, desorientados por la falsa Iglesia, el Antipapa y el Anticristo… Predicarán sin miedos y el Mal no les podrá tocar ya, pues darán su testimonio hasta el gran Milagro, en el cual muchos dudosos se decidirán por Cristo, y después vendrá la persecución de los verdaderos cristianos por los secuaces del Anticristo; pero cuando todo parezca perdido, vendrá el Gran Castigo de los impíos con los Tres Días de Tinieblas donde serán todos destruidos con sus obras”.
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¿QUÉ PODEMOS CONCLUIR SOBRE ESTAS DOS SERIES DE MENSAJES?

Podemos analizar los escritos de estos dos mensajeros que los reciben a manera de locuciones, partiendo de las Sagradas Escrituras, las cuales ratifican las afirmaciones de que algunos de los hombres serán transformados sin morir.

Primera Carta de San Pablo a los Corintios 15, 51-57

“Mirad, os voy a declarar un misterio: No todos moriremos, pero todos seremos transformados. En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, cuando suene la última trompeta; porque sonará, y los muertos resucitarán incorruptibles, y nosotros seremos transformados.
Porque es preciso que esto que es corruptible se vista de incorrupción, y que esto que es mortal se vista de inmortalidad.
Y cuando esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: La muerte ha sido absorbida en la victoria.
¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón? El aguijón de la muerte es el pecado, y la fuerza del pecado, la ley. ¡Gracias a Dios que nos da la victoria por medio de Nuestro Señor Jesucristo!”.

Primera Carta de San Pablo a los Tesalonicenses 4, 15-17

Os decimos esto como palabra de Señor: nosotros los que vivamos, los que quedemos hasta la venida del Señor no nos adelantaremos a los que murieron.
El Señor mismo, a la orden dada por la voz de un Arcángel y por la Trompeta de Dios, bajará del Cielo, y los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar. Después nosotros, los que vivamos, los que todavía estemos, nos reuniremos con ellos, llevados en las nubes al encuentro del Señor, allá arriba”.

¿LA TRANSFORMACIÓN SIN HABER MUERTO?

Estos dos pasajes de las cartas de San Pablo, nos aclaran sin lugar a dudas quehabrá una transformación que hará pasar a los hombres sin haber muerto antes, a un estado de inmortalidad e incorrupción del cuerpo, estado que nos recuerda al que tenían Adán y Eva, nuestros primeros padres, cuando vivieron en el paraíso terrenal descrito en el Génesis.

Pero también nos dice San Pablo, que antes de ser transformados los vivos, los muertos en Cristo resucitarán primero, entendiéndose con esto que ellos resucitarán en cuerpo inmortal e incorruptible, antes de que los que estén vivos en la Tierra sean alzados a las nubes, al Encuentro del Señor.
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EXAMINEMOS OTROS TEXTOS BÍBLICOS QUE NOS AYUDAN A COMPLEMENTAR ESTA INFORMACIÓN

Apocalipsis 7, 2-4

“Luego vi a otro Ángel que subía del Oriente, y tenía el sello del Dios vivo; y gritó con fuerte voz a los cuatro Ángeles a quienes se había encomendado causar daño a la tierra y al mar:
No causéis daño a la tierra ni al mar ni a los árboles, hasta que marquemos con el sello la frente de los siervos de nuestro Dios, Y oí el número de los marcados con el sello: ciento cuarenta y cuatro mil sellados, de todas las tribus de los hijos de Israe

Apocalipsis 7, 9

“Después miré y había una muchedumbre inmensa, que nadie podía contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos”.

Apocalipsis 7, 13-17

“Uno de los ancianos tomó la palabra y me dijo: Esos que están vestidos con vestiduras blancas ¿quiénes son y de dónde han venido? Yo le respondí: Señor mío, tú lo sabes.
Me respondió: Estos son los que vienen de la gran tribulación, han lavado sus vestiduras y las han blanqueado con la sangre del Cordero.
Por eso están delante del trono de Dios, dándole culto día y noche en su Santuario; y el que está sentado en el trono extenderá su tienda sobre ellos.
Ya no tendrán hambre ni sed; ya no les molestará el sol ni bochorno alguno. Porque el Cordero que está en medio del trono los apacentará y los guiará a los manantiales de las Aguas de la Vida. Y Dios enjugará toda lágrima de sus ojos”.
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HAY DOS GRUPOS

En estas citas bíblicas, del capítulo siete del libro del Apocalipsis, nos dejan ver claramente, que existen dos grupos:

1- El grupo de los 144.000 elegidos que serán marcados con el sello del Dios vivo PARA SER PRESERVADOS DEL CASTIGO QUE VENDRÁ A CONTINUACION CON LOS CUATRO ÁNGELES ENCARGADOS DE CAUSAR DAÑO A LA TIERRA Y AL MAR…

Como de lógica se desprende, si ellos son preservados del castigo, es porque ellos no tendrán que sufrir la tribulación que viene a continuación, tribulación que tendrá que pasar el segundo grupo descrito también en el capítulo siete del mismo Apocalipsis.

2 – El grupo de la muchedumbre inmensa de toda raza, lengua y nación, QUE NADIE PODÍA CONTAR Y QUE LLEVABAN VESTIDURAS BLANCAS PORQUE VENÍAN DE LA GRAN TRIBULACIÓN Y HABÍAN LAVADO SUS VESTIDURAS CON LA SANGRE DEL CORDERO, y que según lo descrito también serán transformados, puesto que ya no tendrán más hambre ni sed y ya no les molestará el sol ni bochorno alguno… y Dios enjugará las lágrimas de sus ojos.

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LOS MENSAJES RELACIONADOS ARRIBA NOS COMPLEMENTAN EL PANORAMA

J.N.S.R. nos dice que los elegidos del Señor se moverán como si tuvieran “alas” en los pies. Una delicada manera de decir que ellos podrán transportarse a donde quieran ir sin tener que pisar la tierra.

Porque su transformación les permitirá trasladarse de un lugar a otro como lo hizo Jesús resucitado, traspasando paredes, sin obstáculos espacio-temporales, lo que ocurre cuando el cuerpo entra en otra dimensión espiritual.
También nos dice J.S.N.R. que esos elegidos evangelizarán la Tierra en el mismo tiempo que Jonás necesitó para evangelizar a Nínive: en la Biblia dice que soncuarenta días.

Vayamos a “Alma Pequeña” quien nos dice que unos serán transformados antes que otros. Los primeros transformados serán durante el éxtasis del Gran AvisoTambién dice que estos transformados serán los que van a evangelizar a sus hermanos porque a ellos se les mostrará primero el Cielo de los Bienaventurados y ellos volverán a la Tierra a evangelizar a sus hermanos y a dar testimonio de lo que han visto y oído.

También encontramos en estos mensajes, que la gran tribulación comenzará con el Gran Aviso, cuando termine el éxtasis de nuestro juicio de vivos, y la Tierra reciba las consecuencias físicas de la perturbación astral que ocurrirá entonces.

Volvamos a la duración de esa evangelización, dada a J.N.S.R.: son cuarenta días, a continuación de los cuales, ocurrirá el Milagro, el cual tendrá la intención de confirmar a los convertidos y terminar de convertir a los incrédulos, porque a continuación vendrá con toda su fuerza la persecución del Anticristo.

La Santísima Virgen le ha dicho a “Alma Pequeña” que el día del Aviso será un viernes de Pascua Judía.

Desde hace varios años, la pascua judía viene coincidiendo con el viernes santo católico, puesto que Nuestro Señor Jesucristo murió el día de la Pascua judía precisamente para confirmarnos que Él es el verdadero Cordero que quita los pecados del mundo y que en adelante ya no necesitaremos sacrificar un cordero, sino sumergirnos en la meditación de su dolorosa inmolación para devolvernos la vida de la gracia.
También podríamos pensar que Dios quiere esta coincidencia, de que tanto el pueblo judío como el cristiano, celebren la pascua o paso de la esclavitud del pecado a la libertad de hijos de Dios, en la misma fecha, porque la advertencia viene para todos los pueblos de la Tierra, pero sólo los dos pueblos, el judío y el cristiano están pendientes de la celebración de esta “Pascua”.
El Aviso será entonces una nueva “Pascua”. Como la ha dicho Nuestra Madre María, las figuras del Antiguo Testamento, se repiten en el nuevo, con nuevas connotaciones.

Vayamos a Garabandalla Santísima Virgen dijo a Conchita que el Gran Milagro ocurrirá dentro del año siguiente al Gran Aviso, que será antes del año.

La mayoría de las personas interpretan esto como si fuera justo antes del año. Pero si lo examinamos con atención, sólo dice que será antes del año, y para esto sirve cualquier número de días, siempre y cuando sean menos de 365.
Si el juicio, como se le dice a “Alma Pequeña” puede durar hasta una semana,entonces la evangelización empezará a partir de esa semana. Podríamos calcular la fecha del Milagro si conociéramos en qué año ocurrirá el Aviso, porque la fecha del viernes santo siempre es diferente de año a año, debido a las reglas litúrgicas que se usan para calcular la fecha de esa celebración.
El Milagro sería cuarenta días más una semana, es decir cuarenta y siete días después del Aviso.

El momento en que ocurrirá esa evangelización y la importancia que tiene en el plan de Dios se encuentra confirmada en Mateo 24, 3-6 y Mateo 24, 14.

“Estaba sentado en el monte de los Olivos y se le acercaron los discípulos en privado y le dijeron: ¿Cuándo sucederán estas cosas y cuál será el signo de tu venida y del fin de los tiempos? Jesús les respondió y dijo:
Estad atentos a que nadie os engañe, porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Mesías y engañaran a muchos. Vais a oír hablar de guerras y rumores de guerra. Cuidado, no os alarméis, porque todo esto ha de suceder, pero todavía no es el final”. (Mateo 24, 3-6)
“Y se anunciará el Evangelio del reino en todo el mundo como testimonio para todas las gentes, y entonces vendrá el fin.” (Mateo 24, 14)

Vayamos a Nuestra Señora en el mensaje de La Salette (1846) quien nos describe el momento en que se darán a conocer los apóstoles y su caracterización.

Roma perderá la fe y se convertirá en la sede del Anticristo.
(…) El Evangelio será predicado por todas partes, todos los pueblos y todas lasnaciones conocerán la verdad.
(…) llamo a mis hijos a mis verdaderos devotos, a los que se me han consagrado a fin de que los conduzca a mi divino Hijo, los que llevo por decirlo así en mis brazos, los que han vivido de mi espíritu; finalmente llamo a los apóstoles de los últimos tiempos, los fieles discípulos de Jesucristo que han vivido en el menosprecio del mundo y de sí mismos, en la pobreza y en la humildad, en el desprecio y en el silencio, en la oración y en la mortificación, en la castidad y en la unión con Dios, en el sufrimiento y desconocidos del mundo. Ya es hora de que salgan y vengan a iluminar la Tierra. (…) Pelead, hijos de la luz, vosotros pequeño número que ahí veis; pues he aquí el tiempo de los tiempos, el fin de los fines”.

Los aspirantes al privilegio de pasar ilesos la Gran Tribulación que se viene con el Gran Aviso deberán ser verdaderos Apóstoles de Jesús y de María, deberán renunciar al mundo y a sí mismos y trabajar en perfecto sometimiento a la Divina Voluntad.
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Los apóstoles de los últimos tiempos, los 144 mil elegidos de los que habla la Biblia, tendrán una transformación primero en el Gran Aviso.
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Y ellos recibirán dones especiales para llevar a cabo la nueva evangelización en un corto período.
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Los que van a ser transformados ya están siendo marcados pero faltan todavía algunos que no han terminado de negarse a sí mismos para ser totalmente guiados por el Espíritu Santo. La marca depende de la inhabitación completa del Espíritu de Dios en ellos.

Fuentes:
  •  “Los Profetas del Apocalipsis”, Pilar Zarama de Montenegro, Fundación Jesús de la Misericordia, Quito, Ecuador, Primera, Segunda y Tercera Parte.
  •  “Confidencias de Jesús y de la Santísima Virgen María para los últimos Tiempos”, Volumen 1 al 23, Fundación Jesús de la Misericordia, Quito, Ecuador.
  •  “Testigos de la Cruz – Serie Completa”, J.N.S.R., Fundación Jesús de la Misericordia, Quito, Ecuador.
  •  “Sagrada Biblia”, Versión Oficial de la Conferencia Episcopal Española”, Biblioteca de autores cristianos, Madrid, 2011.

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Pilar Zarama, M.A. en Psicología, es una colombiana experta en temas del Anticristo y Últimos Tiempos.
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martes, 15 de agosto de 2017

Hoy celebramos la Santísima Asunción de María Santísima a los Cielos ! Bendita sea por siempre la Buenaventura Virgen María, Madre de Dios y Madre Nuestra ! Visión Mística dada a la Beata Catalina Emmerich sobre la Asunción de María al Cielo "...El rostro de María estaba fresco y risueño como en su edad florida. Sus ojos llenos de alegría miraban al Cielo. Entonces vi un cuadro conmovedor; el techo de la alcoba de María había desaparecido y a través del cielo abierto, vi la Jerusalén Celestial. De allí bajaban dos nubes brillantes en la que se veían innumerables ángeles, entre los cuales llegaban hasta la Sma. Virgen una vía luminosa. La Santa Virgen extendió los brazos hacia ella con un deseo inmenso, y su cuerpo elevado en el aire, se mecía sobre la cama de manera que se divisaba espacio entre el cuerpo y el lecho. Desde María vi algo como una montaña esplendorosa elevarse hasta la Jerusalén Celestial; creo que era su Alma porque vi más claro entonces una figura brillante infinitamente pura que salía de su cuerpo y se elevaba por la Vía Luminosa que iba hasta el Cielo. Los dos coros de ángeles que estaban en las nubes, se reunieron más abajo de su Alma y la separaron de su cuerpo, el cual en el momento de la separación, cayó sobre la cama con los brazos cruzados sobre el pecho ... Cuando ésta visión que se me hacía cada vez más y más distinta hubo llegado a la tumba, vi una vía luminosa que se extendía desde allí hasta la Jerusalén Celestial. Entonces el Alma de la Santísima Virgen que seguía a Jesús, descendió a la tumba a través de la roca y luego uniéndose a su Cuerpo que se había transfigurado, clara y brillante se elevó María acompañado de su Divino Hijo y el coro de los Espíritus Bienaventurados hacia la Celestial Jerusalén. Toda esa Luz se perdió allí, ya no vi sobre la Tierra más que la bóveda silenciosa del estrellado Cielo..."



En los escritos de Brentano, Sor Ana Catalina Emmerich refirió lo siguiente:


Después de la Muerte, Resurrección y Ascensión de Nuestro Señor, María vivió algunos años en Jerusalén, tres en Betania y nueve en Éfeso. En esta última ciudad, la Virgen habitaba sola y con una mujer más joven que la servía y que iba a buscar los escasos alimentos que necesitaban. Vivían en el silencio y en una paz profunda. No había hombres en la casa y a veces algún discípulo que andaba de viaje, venía a visitarla. Ví entrar y salir frecuentemente a un hombre, que siempre he creído que era San Juan; mas ni en Jerusalén ni en Efeso demoraba mucho en la vecindad; iba y venía. La Sma. Virgen se hallaba más silenciosa y ensimismada en los últimos años de su vida; ya casi no tomaba alimento, parecía que solo su cuerpo estaba en la Tierra y que su Espíritu se hallaba en otra parte. Desde la Ascensión de Jesús todo su ser expresaba un anhelo siempre creciente y que la consumía más y más. En cierta ocasión Juan y la Virgen se retiraron al Oratorio, ésta tiró un cordón y el Tabernáculo giró y se mostró la Cruz; después de haber orado los dos cierto tiempo de rodillas, Juan se levantó, extrajo de su pecho una caja de metal, la abrió por un lado, tomó un envoltorio de lana finísima sin teñir y de éste un lienzo blanco doblado y sacó el Santísimo Sacramento en forma de una partícula blanca cuadrada. Enseguida pronunció ciertas palabras en tono grave y solemne, entonces dio la Eucaristía a la Santa Virgen. A alguna distancia detrás de la casa, en el camino que lleva a la cumbre de la montaña, la Santa Virgen había dispuesto una especie de Camino de la Cruz o Vía Crucis. Cuando habitaba en Jerusalén, jamás había cesado de andar la Vía Dolorosa y de regar con sus lágrimas los sitios donde El había sufrido. Tenía medido paso por paso todos los intervalos y su amor se alimentaba con la contemplación incesante de aquella marcha tan penosa. Poco tiempo después de llegar a Efeso la vi a entregarse diariamente a meditar la Pasión, siguiendo el camino que iba a la cúspide de la montaña. Al principio hacía sola esta marcha y según el número de pasos tantas veces contados por Ella, medía las distancias entre los diversos lugares en que se había verificado algún especial incidente de la Pasión del Salvador. En cada uno de los sitios, erigía una piedra o si se encontraba allí un árbol, hacía en él una señal. El camino conducía a un bosque donde un montecillo representaba el Calvario, lugar del sacrificio y una pequeña gruta el Santo Sepulcro. Cuando María hubo dividido en doce Estaciones el Camino de la Cruz, lo recorrió con su sirvienta sumida en contemplación. Separaba en cada lugar que recordaba un episodio de la Pasión, meditaba sobre él, daba gracias al Señor por su amor y la Virgen derramaba lágrimas de compasión. Después de tres años de residencia en Efeso, María tuvo gran deseo de volver a Jerusalén ; la acompañaron Juan y Pedro y creo que muchos apóstoles se hallaban allí reunidos. A la llegada de María y de los apóstoles en Jerusalén, los vi que antes de entrar en la ciudad, visitaron el Huerto de los Olivos, el Monte Calvario, el Santo Sepulcro y todos los Santos Lugares en torno a Jerusalén. La madre de Dios se hallaba tan enternecida y llena de compasión, que apenas podía ponerse de pié, Juan y Pedro la conducían sosteniéndola de los brazos. Pasado algún tiempo, María regresó a su morada de Efeso en compañía de San Juan. A pesar de su avanzada edad, la Santa Virgen no manifestaba otras señales de vejez que la expresión del ardiente deseo que la consumía y la impulsaba en cierto modo a su transfiguración. Tenía una gravedad inefable, jamás la vi reírse, únicamente sonreírse con cierto aire arrebatador. Mientras más avanzada en años, su rostro se ponía más blanco y diáfano. Estaba flaca pero sin arrugas, ni otro signo de decrepitud, había llegado a ser un puro Espíritu. Por último llegó para la Madre de Jesús, la hora de abandonar este mundo y unirse a su Divino Hijo. En su alcoba encortinada de blanco, la vi tendida sobre una cama baja y estrecha; su cabeza reposaba sobre un cojín redondo. Se hallaba pálida y devorada por un deseo vehemente. Un largo lienzo cubría su cabeza y todo su cuerpo, y encima había un cobertor de lana obscura. Pasado algún tiempo, vi también mucha tristeza e inquietud en casa de la Santa Virgen. La sirvienta estaba en extremo afligida, se arrodillaba con frecuencia en diversos lugares de la casa y oraba con los brazos extendidos y sus ojos inundados de lágrimas. La Santa Virgen reposaba tranquila en su camastro, parecía ya llegado el momento de su muerte. Estaba envuelta en un vestido de noche y su velo se hallaba recogido en cuadro sobre su frente, solo lo bajaba sobre su rostro cuando hablaba con los hombres. Nada le vi tomar en los últimos días, sino de tiempo en tiempo una cucharada de un jugo que la sirvienta exprimía de ciertas frutas amarillas dispuestas en racimos. Cuando la Virgen conoció que se acercaba la hora, quiso conforme a la Voluntad de Dios, bendecir a los que se hallaban presentes y despedirse de ellos. Su dormitorio estaba descubierto y Ella se sentó en la cama, su rostro se mostraba blanco, resplandeciente y como enteramente iluminado. Todos los amigos asistentes se hallaban en la parte anterior de la sala. Primero entraron los Apóstoles, se aproximaron uno en pos del otro al dormitorio de María y se arrodillaron junto a su cama. Ella bendijo a cada uno de ellos, cruzando las manos sobre sus cabezas y tocándoles ligeramente las frentes. A todos habló e hizo cuanto Jesús le hubo ordenado. Ella habló a Juan de las disposiciones que debería de tomar para su sepultura, y le encargó que diese sus vestidos a su sirvienta y a otra mujer pobre que solía venir a servirla. Tras de los Apóstoles, se acercaron los discípulos al lecho de María y recibieron de ésta su bendición, lo mismo hicieron las mujeres. Vi que una de ellas se inclinó sobre María y que la Virgen la abrazó. Los Apóstoles habían formado un altar en el Oratorio que estaba cerca del lecho de Santa Virgen. La sirvienta había traído una mesa cubierta de blanco y de rojo, sobre la cual brillaban lámparas y cirios encendidos. María, pálida y silenciosa, miraba fijamente el cielo, a nadie hablaba y parecía arrobada en éxtasis. Estaba iluminada por el deseo, yo también me sentí impelida de aquel anhelo que la sacaba de sí. ¡Ah! Mi corazón quería volar a Dios juntamente con el de Ella. Pedro se acercó a Ella y le administró la Extremaunción, poco mas o menos como se hace en el presente, enseguida le presentó el Santísimo Sacramento. La Madre de Dios se enderezó para recibirlo y después cayó sobre su almohada. Los Apóstoles oraron por algún tiempo, María se volvió a enderezar y recibió la sangre del Cáliz que le presentó Juan. En el momento en que la Virgen recibió la Sagrada Eucaristía, vi que una luz resplandeciente entraba en Ella y que la sumergía en éxtasis profundo. El rostro de María estaba fresco y risueño como en su edad florida. Sus ojos llenos de alegría miraban al Cielo. Entonces vi un cuadro conmovedor; el techo de la alcoba de María había desaparecido y a través del cielo abierto, vi la Jerusalén Celestial. De allí bajaban dos nubes brillantes en la que se veían innumerables ángeles, entre los cuales llegaban hasta la Sma. Virgen una vía luminosa. La Santa Virgen extendió los brazos hacia ella con un deseo inmenso, y su cuerpo elevado en el aire, se mecía sobre la cama de manera que se divisaba espacio entre el cuerpo y el lecho. Desde María vi algo como una montaña esplendorosa elevarse hasta la Jerusalén Celestial; creo que era su Alma porque vi más claro entonces una figura brillante infinitamente pura que salía de su cuerpo y se elevaba por la Vía Luminosa que iba hasta el Cielo. Los dos coros de ángeles que estaban en las nubes, se reunieron más abajo de su Alma y la separaron de su cuerpo, el cual en el momento de la separación, cayó sobre la cama con los brazos cruzados sobre el pecho. Mis abiertos ojos que seguían el Alma purísima e inmaculada de María, la vieron entrar en la Jerusalén Celestial y llegar al Trono de la Santísima Trinidad. Vi un gran número de almas entre las cuales reconocí a los Santos Joaquín y Ana, José, Isabel, Zacarías y Juan Bautista venir al encuentro de María con un júbilo respetuoso. Ella tomó su vuelo al través de ellos hasta el Trono de Dios y de su Hijo, quien haciendo brillar sobre todo lo demás la Luz que salía de sus llagas, la recibió con un Amor todo Divino, la presentó como un cetro y le mostró la Tierra bajo sus pies como si confiriese sobre Ella algún Poder Celestial. Así la vi entrar en la Gloria y olvidé todo lo que pasaba en torno de María sobre la Tierra. Después de ésta visión, cuando miré otra vez a la Tierra, vi resplandeciente el cuerpo de la Sma. Virgen. Reposaba sobre el lecho, con el rostro luminoso, los ojos cerrados y los brazos cruzados sobre su pecho. Los Apóstoles, discípulos y santas mujeres, estaban arrodillados y oraban en derredor del cuerpo. Después vi que las santas mujeres extendieron un lienzo sobre el Santo Cuerpo y los Apóstoles con los discípulos se retiraron en la parte anterior de la casa. Las mujeres se cubrieron con sus vestidos y sus velos, se sentaron en el suelo y ya arrodilladas o sentadas, cantaban fúnebres lamentaciones. Los Apóstoles y los discípulos se taparon la cabeza con la banda de tela que llevaban alrededor del cuello y celebraron un oficio funerario; dos de ellos oraban siempre alternativamente a la cabeza y a los pies del Santo Cuerpo. Luego las mujeres quitaron de la cama el Santo Cuerpo con todos sus vestidos y lo pusieron en una larga canasta llena de gruesas coberturas y de esteras, de suerte que estaba como levantado sobre la canasta. Entonces dos de ellas pusieron un gran paño extendido sobre el cuerpo y otras dos la desnudaron bajo el lienzo, dejándole solo su larga túnica de lana. Cortaron también los bellos bucles de los cabellos de la Santa Virgen y los conservaron como recuerdo. Enseguida el santo Cuerpo fue revestido de un nuevo ropaje abierto y después por medio de lienzos puestos debajo, fue depositado respetuosamente sobre una mesa y sobre la cual se habían colocado ya los paños mortuorios y las bandas que se debían de usar. Envolvieron entonces el Santo Cuerpo con los lienzos desde los tobillos hasta el pecho y lo apretaron fuertemente con las fajas. La cabeza, las manos y los pies, no fueron envueltos de esa manera; enseguida depositaron el Cuerpo Santo en el ataúd y lo colocaron sobre el pecho una Corona de flores blancas, encarnadas y celestes como emblema de su Virginidad. Entonces los Apóstoles, los discípulos y todos los asistentes, entraron para ver otra vez antes de ser cubierto el Santo Rostro que les era tan amado. Se arrodillaron y lloraron alrededor del Santo Cuerpo,, todos tocaron las manos atadas de Nuestra Madre Maria como para despedirse y se retiraron. Las mujeres le dieron también los últimos adioses, le cubrieron el rostro, pusieron la tapa en el ataúd y le clavaron fajas de tela gris en el centro y en las extremidades. Enseguida colocaron el ataúd en unas andas, Pedro y Juan lo condujeron en hombros fuera de la casa. Creo que se relevaban sucesivamente, porque más tarde vi que el féretro era llevado por seis Apóstoles. Llegados a la sepultura, pusieron el Santo Cuerpo en tierra y cuatro de ellos, lo llevaron a la caverna y lo depositaron en la excavación que debía de servirle de lecho sepulcral. Todos los asistentes entraron allí uno por uno, esparcieron aromas y flores en contorno, se arrodillaron orando y vertiendo lágrimas y luego se retiraron. Por la noche muchos Apóstoles y santas mujeres, oraban y cantaban cánticos en el jardincito delante de la tumba. Entonces me fue mostrado un cuadro maravillosamente conmovedor: Vi que una muy ancha vía luminosa bajaba del cielo hacia el sepulcro y que allí se movía un resplandor formado de tres esferas llenas de ángeles y de almas bienaventuradas que rodeaban a Nuestro Señor y el Alma resplandeciente de María. La figura de Jesucristo con sus rayos que salían de sus cicatrices, ondeaban delante de la Virgen. En torno del Alma de María, vi en la esfera interior, pequeñas figuras de niños, en la segunda, había niños como de seis años y en la tercera exterior, adolescentes o jóvenes; no vi distintamente más que sus rostros; todo lo demás se me presentó como figuras luminosas resplandecientes. Cuando ésta visión que se me hacía cada vez más y más distinta hubo llegado a la tumba, vi una vía luminosa que se extendía desde allí hasta la Jerusalén Celestial. Entonces el Alma de la Santísima Virgen que seguía a Jesús, descendió a la tumba a través de la roca y luego uniéndose a su Cuerpo que se había transfigurado, clara y brillante se elevó María acompañado de su Divino Hijo y el coro de los Espíritus Bienaventurados hacia la Celestial Jerusalén. Toda esa Luz se perdió allí, ya no vi sobre la Tierra más que la bóveda silenciosa del estrellado Cielo. Como Santo Tomás no llegó a tiempo a despedirse de la Madre y tampoco pudo asistir al Santo Entierro; él tenía en su mente y corazón, llegar a tiempo. Pero al enterarse del desenlace por medio de los demás Apóstoles, él se puso triste y lloroso y se lamentaba no haber llegado a tiempo. El, interiormente tenía el deseo vehemente de verla por última vez y así se los hizo saber a los demás. Ya habían pasado varios días de lo del entierro; todos querían volver al Sepulcro y acceder a la petición de Tomás. Tomaron una resolución y al día siguiente muy de mañana, emprendieron el camino al Sepulcro de Nuestra Santa Madre. Estando enfrente del Sepulcro, quitaron la piedra-sello de la entrada y ¡Oh! Maravilla de Maravillas, de la bóveda salía un suave aroma de perfume de Rosas frescas; todos al sentir ese perfume, se sintieron conmovidos y perplejos; se miraron unos a otros preguntándose en silencio, con la mirada y con señas en las manos:“¿Entramos?” y aún mirándose entre ellos, todos asintieron con la cabeza y traspasando la bóveda, entraron al Santo Sepulcro hacia el sitio donde depositaron el ataúd que contenía el Cuerpo Santísimo de la Virgen María y más enorme fue la emoción y sorpresa entre ellos al ver que en el sitio solo habían Rosas frescas, fragantes y olorosas y significaban que el Señor había venido a buscar a su Santísima Madre para llevarla a su Gloria Celestial y Su Cuerpo no sufra la corrupción.


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